Cosas de cine y series

La tranquila vida en los Ozarks

Ozark

Dice la Wikipedia que la meseta de Ozark, que también se conoce como Los Ozarks, es una región montañosa densamente arbolada situada en el Medio Oeste de os Estados Unidos. También dice que se extiende desde San Luis hasta el río Arkansas y que abarca, entre otras, zonas de Misuri, Arkansas y Oklahoma. El turismo es una de las principales actividades de la región y uno de sus fuentes es el lago. El lago Ozarks. Que entre otras cosas, consta de instalaciones recreativas y de una estación hidroeléctrica.

Los guionistas de Ozark, la última serie de Netflix, o una de las últimas, añaden más información a esta de la Wikipedia. Dicen que el pueblo es muy tranquilo cuando pasa la época veraniega, la más fuerte en términos turísticos, y que pese a que cuenta con una mayoría de habitantes bastante decentes y honrados, también esconde manzanas podridas. Como esa familia que vive en el bosque y puede robarte o matarte en cuanto les des la espalda, o como los amables granjeros que también cultivan amapolas en una parte de su rancho.

Evidentemente, conozco a los Ozarks gracias a Netflix. Los norteamericanos tienen una especial facultad por vender cada parte de su territorio como parte de una campaña de publicidad de su país, y también como autocrítica. No dudan en mostrar sus interioridades, y también las posibles miserias. Ojalá pudiésemos hacer eso aquí, en España, con tanta señora de Murcia y con perlas fracasadas como Crematorio, muerta en una esquina pues aparentemente nadie la veía. Nadie la hacía rentable. Tal vez llegase pronto, tal vez lo hiciese mal, pero ahí perdimos la oportunidad de abrir nuestro país a un reguero de Ozarks, Breaking Bads y compañía. En su lugar tenemos La que se avecina y una tonelada de series de época, que parece que ahora son las únicas que se pueden hacer. Salvo rarezas como El Ministerio del Tiempo. Pero no lo olvidemos, son rarezas.

Gracias a Ozark no sólo he descubierto esa región de Misuri, también he descubierto lo cansado que está Jason Bateman de los papeles humorísticos y lo bien que encaja en dramas como el que se plantea. Le he descubierto actuando con profundidad y, sobre todo, dirigiendo. No recuerdo exactamente cuántos episodios de los diez de la primera temporada dirige, pero son al menos dos. El de inicio y el de cierre. Él da vida a Martin Byrde, un economista que, por avatares del destino, acaba viviendo junto al lago Ozark con su desestructurada familia, un vecino que se bañará desnudo hasta el día en que se muera y un objetivo bastante claro: blanquear ocho millones de dólares antes de que acabe el verano.

Me ha gustado, y me ha gustado mucho. Dicen que se trata de una mala copia de Breaking Bad pero lo cierto es que a Walter White lo aguanté ocho episodios y con Martin Byrde ya llevo diez, y quiero muchos más. Grata sorpresa me dieron ayer a través de Twitter, cuando un buen amigo me confirmó que la segunda temporada estaba ya confirmada. Buena noticia. Quiero más de Martin y más de Ruth. Porque Ruth es… a Ruth hay que verla actuar para comprender por qué hace lo que hace y empatizar con ella. La dura Ruth.

Compro. He devorado los primeros diez capítulos de una hora, y el cierre con una hora y veinte minutos, en un fin de semana. De viernes a domingo. El sábado me dieron las tres de la mañana hasta que acabé el octavo. Creo que eso dice de hasta qué punto me ha gustado. Pero es mi opinión y, como todas las opiniones, es mía y no tiene por qué gustarte. Pero si tienes la oportunidad, pásate por el lago Ozark y observa la tranquila vida de sus vecinos. La de algunos, claro. Ojalá Martin Byrde tuviese una vida así de tranquila.

Cosas de cine y series

Big Little Lies, corred a verla

Big Little Lies

Debo reconocer que escribir sobre cine y series me produce mucho reparo. Pese a la cantidad de horas que consumo, a lo que leo y a lo que me intereso por determinados temas relacionados con este mundo, mi desconocimiento es inmenso y no siento que nada de lo que escriba tiene demasiado valor. Pero el otro día acabé una serie que me ha parecido maravillosa, y me he animado a volver a escribir sobre cine y series. Porque para eso éste es mi blog, y aquí puedo ejercer el deporte nacional: hablar sin saber.

Me enfrenté a estas pequeñas grandes mentiras con cierto hype, había leído bastantes críticas positivas y el hecho de enfrentarme a cualquier producto en el que intervenga Nicole Kidman hace que, de partida y a ciegas, lo compre. Pero lo que me he encontrado ha confirmado que no me equivoqué, que cada de uno de sus siete episodios tiene algún momento único, y que muy probablemente la revisite pues esto se acaba aquí. Big little lies es una miniserie y su capítulo número siete es el último. Una lástima a la vez que un acierto. Bien está lo que bien acaba.

La música, la fotografía, las actuaciones, el clima. Todo en Big little lies es delicioso.

Big little lies es una historia intimista, un puzzle que se va construyendo a partir de un concepto lanzado en los primeros minutos del primer capítulo. Ha habido un asesinato en un pequeño pueblo costero norteamericano. No se sabe quién ha muerto, no se sabe quién le ha matado. Sólo se ven algunas respuestas a los interrogatorios a los testigos y comienza una reconstrucción desde un punto de partida en el pasado: la llegada al pueblo de una nueva habitante, una madre que lleva a su hijo a un colegio plagado de gente adinerada que no tolera demasiado bien los cambios.

A partir de ese momento conoceremos a Nicole Kidman, abogada retidada, a Reese Witherspoon, madre dedicada, y a Shailene Woodley, contable y madre soltera a la que no veía desde la primera entrega de la infame Divergente. El camino que recorre la serie transcurre con calma, conociendo a cada uno de los personajes, desentrañando sus pequeñas miserias privadas, lo que sucede en sus casas de puertas hacia dentro. Y poco a poco, va tejiendo una red de conflictos. Un poco de envidia aquí, una pelea allí, una discusión en esta otra parte. Una red que llega a desembocar en una muerte en los últimos minutos del último capítulo pero que nunca te enseñan, y que te parece que puede ser cualquiera en cualquier momento.

Me ha atrapado y la he devorado en prácticamente dos sentadas de 3 y 4 capítulos. He empatizado con casi todos los personajes, incluso con aquellos diseñados para caerte mal, y el final me ha sorprendido como pocos. Sin duda una miniserie diferente que no me ha defraudado en ningún momento. Y la demostración de que, de puertas hacia dentro, nadie es tan perfecto como aparenta. Porque ninguno lo somos, y así se refleja en esta gran Big Little Lies que desde ahora os recomiendo.