No recuerdo qué día vi Depredador por primera vez, y ni tan siquiera recuerdo si aquella primera vez ya me enamoró o necesité más visionados. Lo que sí sé ahora, y desde hace bastante tiempo, es que sigue siendo mi película favorita en este mundo. Después de haber visto muchas obras maestras de todo tipo de géneros, y de seguir acudiendo a muchos otros títulos para revisionados contínuos, Depredador sigue teniendo un hueco muy especial en mi corazón cinéfilo.

Podría incluso repetir la película completa diálogo a diálogo y la habré visto, yo qué sé, ¿cien veces? Tal vez menos, pero tal vez más. Tarareo la música cuando la cápsula del depredador se desprende y entra en la atmósfera, cuando aparece el helicóptero que transporta a Dutch hasta la base norteamericana y canto el Long Tall Sally cuando toca. Me apasiona, y por eso espero con tantas ganas la nueva edición de lo que ya será una tetralogía con permiso de las versiones mezcladas con Alien.

Ocurre con la película que está por llegar que tiene algo muy especial, el cierre de un círculo protagonizado por Shane Black. Yo no lo sabía cuando vi Depredador por primera vez, pero aquel Hawkins, que suponía la primera muerte en pantalla de la bestia de otro mundo, escribiría los guiones de no pocas de mis películas favoritas. De Arma Letal, de El último boyscout o de Iron Man 3. Entre otras, no demasiadas pero bastante sonadas. Shane Black es el escritor del guión de The Predator, y a mí eso me parece precioso.

Qué mejor forma de remontar la saga que permitiendo a alguien tan icónico para ella como Hawkins, el de los chistes verdes sobre el sexo con su novia, el que muere protegiendo a Ana, que redacte qué es lo que tiene que suceder. El uróboros de Depredador. Y además está Olivia Munn, así que yo ya no sé qué más pedir. A ver, que sea buena, claro está, pero el trailer ya me tiene nervioso perdido.