El uróboros de The Predator y Shane Black

No recuerdo qué día vi Depredador por primera vez, y ni tan siquiera recuerdo si aquella primera vez ya me enamoró o necesité más visionados. Lo que sí sé ahora, y desde hace bastante tiempo, es que sigue siendo mi película favorita en este mundo. Después de haber visto muchas obras maestras de todo tipo de géneros, y de seguir acudiendo a muchos otros títulos para revisionados contínuos, Depredador sigue teniendo un hueco muy especial en mi corazón cinéfilo.

Podría incluso repetir la película completa diálogo a diálogo y la habré visto, yo qué sé, ¿cien veces? Tal vez menos, pero tal vez más. Tarareo la música cuando la cápsula del depredador se desprende y entra en la atmósfera, cuando aparece el helicóptero que transporta a Dutch hasta la base norteamericana y canto el Long Tall Sally cuando toca. Me apasiona, y por eso espero con tantas ganas la nueva edición de lo que ya será una tetralogía con permiso de las versiones mezcladas con Alien.

Ocurre con la película que está por llegar que tiene algo muy especial, el cierre de un círculo protagonizado por Shane Black. Yo no lo sabía cuando vi Depredador por primera vez, pero aquel Hawkins, que suponía la primera muerte en pantalla de la bestia de otro mundo, escribiría los guiones de no pocas de mis películas favoritas. De Arma Letal, de El último boyscout o de Iron Man 3. Entre otras, no demasiadas pero bastante sonadas. Shane Black es el escritor del guión de The Predator, y a mí eso me parece precioso.

Qué mejor forma de remontar la saga que permitiendo a alguien tan icónico para ella como Hawkins, el de los chistes verdes sobre el sexo con su novia, el que muere protegiendo a Ana, que redacte qué es lo que tiene que suceder. El uróboros de Depredador. Y además está Olivia Munn, así que yo ya no sé qué más pedir. A ver, que sea buena, claro está, pero el trailer ya me tiene nervioso perdido.

El día en que descubrí que ni George Lucas ni Han Solo se equivocaban

Investigando para cierta cosa que ya desvelaré cuando llegue el momento, si es que llega, porque yo me conozco como si me hubiese parido a mí mismo o conviviese con mi persona desde el principio de mis tiempos, he ido a dar con varias lecturas especiales. La posibilidad de que llegue a construirse un motor de curvatura como el utilizado en Star Trek, la distancia las distintas estrellas conocidas, y más cercanas a la Tierra y, cómo no, la forma de medir el Universo. A lo mejor aquí no tocaba una mayúscula, pero ahí se va a quedar.

Llegando a estas formas de medir las distancias en el espacio, me he topado con las unidades astronómicas o parsecs, y he llegado a descubrir que uno de los supuestos magufos que persigue a Star Wars desde 1977 no es cierto. Es decir, que no es un magufo. Que el guión de la película que dio comienzo a todo el panorama de los Skywalker y conocidos siempre estuvo bien, y que todo se ha debido a un error de interpretación que luego nadie ha desmentido con el suficiente peso. Así que yo voy a volver a desmentirlo pero, siguiendo con la tradición, nadie me echará demasiada cuenta.

El Corredor de Kessel

En cierto momento del primer tercio de Star Wars: Una nueva esperanza, o el Episodio I, Luke y Obiwan, acompañados por los androides, llegan al puerto de Mos Eisley y se encuentran por primera vez con Han Solo y Chewbacca. Allí mismo les contratan para que les saquen de Tatooine a bordo del Halcón Milenario. Una de las afirmaciones de Solo para lograr la confianza de Luke y compañía consistió en presumir de que el Halcón había completado la carrera del Corredor de Kessel en sólo 12 parsecs, algo que se interpretó automáticamente como un uso incorrecto de la unidad. Velocidad en lugar de distancia.

Informándome para esto que no os voy a contar, he descubierto que Solo presumía no se su pericia al volante o de la velocidad de la nave, sino de la capacidad del ordenador de la misma. El Halcón completó el Corredor de Kessel en sólo 12 parsecs porque el ordenador encontró una ruta más corta, pues en eso consistía la carrera. Completada habitualmente recorriendo 20 parsecs, el ordenador del Halcón logró encontrar un trayecto que la acortaba casi hasta la mitad, de ahí que el Halcón fuese tan valioso. No por velocidad, sino por ser capaz de acortar los trayectos gracias a los cálculos de su ordenador. Se supone, por tanto, que los saltos al hiperespacio se realizan con correcciones de rumbo y no en lìnea recta, de ahi la importancia de un buen calculador de rutas.

Un parsec, por cierto, equivale a unos 3,26 años luz, o 3,0857 x 10^16 metros. O, como decíamos antes, una unidad astronómica o UA. 

En definitiva: Star Wars lo hizo siempre bien.

De mongoles, kamikazes e invasiones frustradas a Japón

Como buen freak que soy, me gustan las historias de héroes y las de batallas, y estas últimas son especialmente fascinantes cuando nadie destaca entre ellas. Cuando algún motivo enfrenta a dos bandos y ocurren cosas que quedan rubricadas en los libros de historia. Como la frustrada invasión de Japón por parte de los mongoles, algo que parece que no deja de cruzarse en mi camino desde hace semanas y que me he animado a investigar un poco.

La historia es narrada por Javier Cansado en el primer Aquí hay dragones (aprovecho desde ya para recomendar el podcast, así como su “padre”, el de los Todopoderosos”) y también quedará reflejada en El fantasma de Tsushima, un juego para PS4 que pronto verá la luz. Y esto es lo que he averiguado, y dejo aquí para vosotros.

De mongoles, kamikazes e invasiones frustradas a Japón

 

Para ambientarnos en esta historia tenemos que remontarnos al sigo XIII después de Cristo. Kublai Khan es el actual señor de los mongoles, nieto de Gengis Khan, y está empecinado con seguir ampliando las fronteras de su imperio. Al Khan no le bastaba con tener conquistada media Europa y buena parte de Asia, sino que quería seguir más allá, y se le ocurrió poner los ojos en las islas de Japón.

Con Corea ya en su poder, Kublai Khan ordena la construcción de una flota de barcos con más de 300 grandes navíos de gran calado y más de 400 de pequeño tamaño. Acostumbrado a guerrear en terreno llano, y habiendo ya aprendido a asediar poblados y fortalezas, la conquista por mar era relativamente novedosa. Sobre todo porque Japón, al contrario que Corea, no requería de un único desembarco sino de constantes traslados. La guerra se desarrollaría, por tanto, por capítulos.

En 1274, el ejército del Khan, que incluía tanto mongoles como coreanos y chinos, se dedica a tratar de conquistar las pequeñas islas que anticipan su llegada a Tsushima y también a Iki. Es entonces cuando comienzan con el “noble arte” de cortar las manos a las japonesas para apuntalarlas a los cascos de sus barcos, y así anticipar qué ocurriría con todo el que les plantase cara. Tras el paso por estas islas menores, los mongoles buscan desembarcar en la bahía de Hakata, en la isla de Kyushu, pero se topan con una terrible tormenta que diezma buena parte de su flota, dejando al resto de los barcos a merced de las embarcaciones japonesas que, una vez hubieron reaccionado, combaten a los mongoles hasta que les obligan a retirarse.

En Kyushu, los samurai repelen al ejército mongol, acabando con más de 20.000 de sus guerrerros y obligándoles a volver al mar

Durante esta batalla, los japoneses abordan los barcos mongoles y logran acceder a su mayor fortaleza, el combate cuerpo a cuerpo. Los mongoles, acostumbrados ya a desarrollar diversas tácticas de asedio y combate en las que los arqueros eran una de sus principales armas, se ven rápidamente superados por el ejército local. Según cuentan los libros de historia, en el combate caen más de 20.000 guerreros del ejército mongol que, como dijimos antes, no está compuesto sólo por mongoles sino también por coreanos y chinos.

Parece que Kublai Khan no era un líder que se dejase intimidar por lo que ordena la construcción de una segunda flota, mucho mayor que la primera, para retomar la invasión en el punto en el que la dejaron. Con Kyushu de nuevo en mente, los mongoles ponen en el mar más de 4.400 navíos desde dos puntos, China y Masan, y se lanzan de nuevo a la conquista, con la salvedad de que los japoneses ya estaban alertados por la situación y se habían dedicado a sus propios quehaceres. Éstos incluían la construcción de fortalezas de grandes muros en situaciones clave, de forma que pudiesen rechazar un previsible segundo ataque. Como fuerza de tierra, los samurái de la isla de Kyushu.

Para tratar de evitar las inclemencias meteorológicas de la primera oleada, aunque ésta les sobrevino cuando ya fueron rechazados en primera instancia, los mongoles deciden atacar en primavera. Así, siete años después de la primera invasión, en el año 1281, los mongoles vuelven a echarse a la mar.

Buena parte de los navíos caen antes de llegar a la costa, pero aún así los mongoles persisten y llegan a barrer la isla de Iki-shima, el paso previo a desembarcar de nuevo en Kyushu, donde fueron repelidos la primera vez. Este desembarco provocó la que hoy es una de las batallas más épicas que se recuerdan en todo Japón. El ejército japonés, liderado por los guerreros samurái, barrió del mapa a más de dos decenas de miles de guerreros mongoles, que volvieron a huir refugiándose en sus barcos. Y aquí es donde llega el segundo momento clave, y de nuevo momento meteorológico. Un tifón, al que los japoneses llamaron kamikaze, se encargó de mandar al fondo del mar del Japón al resto de barcos de los coreanos. Y aquí es donde nace el nombre que después portarían los pilotos de los Ceros, los aviones que sobrevolaron los cielos durante la Segunda Guerra Mundial, no dudando en estrellarse contra objetivos clave para destruirlos a costa de sus propias vidas.

Una historia fascinante, algo más compleja que la narrada, a toda velocidad, por Cansado en Aquí no hay dragones, y que sin duda merece ser recordada. Así que ya sabemos qué es lo que nos espera en el Ghost of Tsushima. La repulsión del ejército mongol de las islas japoneses con nuestro protagonista. Todo ello, con variaciones, basado en hechos reales. Increíble.

Mitos nórdicos, o las mierdas de Loki

Puede decirse que con la mitología nórdica soy como con muchas otras materias que pasan por delante mía y que creo conocer sólo porque sé los nombres: un completo ignorante. Durante muchos años he basado mis conocimientos sobre la mitología nórdica en lo que “he oído” y en distintas fuentes de información que resultaban no ser otra cosa que adaptaciones de la realidad. Si es que a la mitología se la puede llamar así, realidad. Digamos que hay una fuente original y que el resto son variaciones. Mejor, así queda mejor. Pues eso, que nunca acudí a la fuente original y para mí Midgard y el resto de los reinos eran lo que los cómics y los videojuegos me contaban. Pero no, amigos míos.

Como todo buen friki que se precie, acabar el último God of War supuso que me pusiese de inmediato a intentar documentarme. Cómo podía ser que las cosas no fuesen ahí igual que en los cómics de Marvel, si al fin y al cabo todos bebían de la misma fuente. Pero la triste realidad es que cada uno adapta las cosas a su manera, y mi forma de documentarme parcialmente ha sido leer Mitos nórdicos. Un libro de relatos de Neil Gaiman, que Odín lo tenga en su gloria, en el que cuenta esta mitología escandinava de forma más accesible. Cuentos, ni más ni menos. Además, cuentos breves que te cuentan esencialmente lo que debes saber, sin mucha paja.

Y una de las cosas que más me ha sorprendido ha sido Loki. Yo ya suponía que era un tío listo con mucha labia, y que su cerebro iba tres días por delante del resto de sus colegas de patio nórdico, pero lo que desconocía es que es (figuradamente porque NO EXISTE) un completo desalmado y un hijo de $%$&. Desde su origen hasta su final, encadenado con las tripas de uno de sus propios hijos mientras aguarda el Ragnarok, este libro de Giaman te va contando historias de otros dioses pero la que de verdad te interesa es la de Loki. Por lo que hace, y por cómo es posible que pase tanto tiempo sin que nadie le meta la cabeza en el retrete como mínimo. O que le haga lo que al final le hacen. Pero joder, es que tardan muchísimo.

Me alegro, tras leer todo esto, que el Loki de otras fuentes de información haya sido dulcificado. El hermano díscolo, el hijo rebelde, el que hace putadillas pero que en el fondo no es tan mala persona, sólo es un dios incomprendido. Si tenéis tiempo, leedlo. Apreciaréis la enorme diferencia entre el Loki de la mitología original y el de Marvel, por citar la fuente más conocida.

En mis planes futuros, leer Loki, otro libro dedicado exclusivamente a él. Pero antes le tengo que meter mano a Pórtico, y ya estoy en ello.

Mi experimento “Buenafuente”

Me despierto, hace mucho que no dormía tan profundo, no sé bien dónde estoy.
Habrá que levantarse.
Voy tan en automático que he borrado la parte en que me preparaba el desayuno.
Sueño.
Suena Superman, ahora todo va un poco mejor. Ojalá John Williams no nos deje nunca.
Llega un mensajero. Bien. El pedido de Amazon está mal. Mal. Etiqueta para mandarlo de vuelta.
Comprar online es ya algo que forma parte de mí, hasta el punto de que entrar en una tienda normal se me hace muy raro. E incómodo.
El mueble se me llena de cómics, y todavía faltan casi la mitad. Hay que solucionar eso.
What Are You Going to Do When You Are Not Saving The World. Man of Steel, menuda banda sonora, Señor Zimmer, mis dies.
No recuerdo cuándo me empezó esta pasión por las bandas sonoras instrumentales. Igual la música clásica que mi padre me ponía de pequeño tuvo algo que ver.
Me viene un flash de cuando fui a ver Juez Dredd al cine con uno de mis mejores amigos. Mejor no miro en qué año fue, bastante viejo me siento ya.
Charlo con mucha gente por internet, pero no miro mucho a los ojos.
Qué mañana más rara. A ratos frío, a ratos calor. Qué vergüenza de mayo sevillano.
Kárate a muerte en Torremolinos.
Nobody expects the Spanish Inquisition.
Ojalá no tener la cabeza llena de mierda.
A lo mejor va siendo hora de comer, que LG se encarga de que no haya sobremesa.
No sé si este experimento está teniendo algún sentido. Veremos si lo publico o no cuando acabe el día.
Voy a echar de menos esta NO siesta.
Los pájaros cantan en mi patio, pero yo estoy bajo techo. ¿Son más libres que yo?
Nuevo móvil para probar. Un ladrillo táctil.
Rasperry Rose. Frambuesa. Tengo hambre.
El/la/los CM de HBO en España se siguen respondiendo a si mismos. Llevan así desde que abrieron la cuenta. Esos cursillos de Twitter, que rulen.
El himno del Octubre Rojo. Creo que voy a necesitar dos esposas.
Poledouris, qué asco das.
All ‘bout that bass.
Alguien en Instagram no hace su trabajo como debe. Cosas de mensajes.
Esto de tener cuatro o cinco claves activas va a acabar conmigo. Y con algún servicio bloqueado.
Se me ha ocurrido una idea genial, y me he enmarronado. Un clásico.
¿Escribir un post mientras tarareo Dua Lipa? Challenge accepted.
You say you’re sorry but it’s too late now. IDGAF.
Me levanto del ordenador. Fin.


Este “experimento Buenafuente” viene de un programa de Nadie Sabe Nada en el que Andreu contó qué hizo durante parte de una enfermedad que sufrió hace no demasiado tiempo. Entre fiebres, decidió apuntar en un cuaderno las ideas sueltas que le iban viniendo en los momentos de lucidez. Por mi parte, he decidido apuntar ideas sueltas durante una jornada laboral. A mí no se me ha tenido que infectar la próstata.

Dicen que los inicios son siempre complicados

Y los reinicios, ni te hablo. He perdido la cuenta de las veces que he devuelto mi blog personal al punto cero, pero sé que todas han sido por la misma razón: autoexigencia incumplida. Unas veces he pretendido que el blog tenga una determinada temática que al final me ha acabado hastiando, otras por una periodicidad que no he podido mantener. El resultado en todas las ocasiones, el mismo: blog abandonado.

Así que se acabó. Vuelvo a empezar. Lo de antes no existe, ya es historia. Aquí escribiré sobre lo que me apetezca y cuando me apetezca, y punto y final. Por cierto, ahora estoy leyendo sobre mitología escandinava. Lo dejo ahí.